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Agro

«Este gobierno ignoró a los productores rurales. Hay que escucharlos»

El próximo ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, Carlos María Uriarte, ostenta uno de los dos apellidos históricos del campo. Y parece que de eso sabe el hombre.

Carlos María Uriarte (60) no tenía como zafar. Tampoco quería. De gurí fue amante del campo, los animales, el verde. Heredero de una familia que históricamente estuvo vinculada al campo desde los años de la colonia, vivía en el barrio Sur hasta que concilió su interés por campaña al estudiar Agronomía; luego arrendó un campo a portera cerrada y ahí comenzó su prolífica actividad de productor rural.

Hasta hace días pope de la Federación Rural, Uriarte -hombre de Ciudadanos, ex asesor de Ernesto Talvi en temas agropecuarios-, el designado ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca tiene unas cuántas cosas claras. Cree que Uruguay debería copiar el modelo estadounidense y exportar la mayor cantidad de carne uruguaya que pueda, y priorizar el consumo de carne importada, no por eso de menor calidad.

Le preocupan muchos las cianobacterias, problema que sufrió en carne propia, porque se le murieron 23 novillos por tomar agua contaminada del lago Andresito. Pero más le preocupan los perros que en campaña amenazan la majada y el fenómeno -subestimado desde la capital- del abigeato, cuando ni siquiera se produce por hambre de los que cometen el delito.

De su formación, sus intereses, sus preocupaciones y sus primeras medidas como secretario de Estado del próximo gobierno de Lacalle Pou hablamos en esta entrevista.

-¿Siempre fue un hombre de campo?

-Siempre. Yo vengo de una familia que estuvo siempre vinculada al campo. Según un estudio que realizó la Asociación Rural, hay sólo dos familias en el campo que vienen de la época de la colonia, los Ahreau y los Uriarte, que conservamos campo de aquella época. Hay parientes nuestros, que están radicados en Rocha más que nada, que conservan campo de la época de la colonia. Nosotros somos oriundos del País Vasco, pero que vinieron a Santa Fe, y desde ahí se trasladaron acá a fines del 1700…

-¿Y cómo le picó el gustito por el campo?

-El gustito lo tengo que desde que nací. Mis padres, cuando yo nací, estaban en la Sierra de las Ánimas en Solís y después la familia se trasladó a Tacuarembó, donde estuve hasta los 13 años. Por mi educación, vivíamos en Montevideo y en verano pasábamos la temporada entera afuera. Y me acostumbré más a la vida de afuera, en Rincón de Clara, donde se juntan el arroyo Clara y el arroyo Malo en Tacuarembó, que en invierno era muy difícil de salir y de entrar.

Papá después pudo comprar un pedazo de campo en Cerro Largo, a comienzos de los 70 y se instaló en Bañados Medina, en la onceava sección de Cerro Largo, y después, cuando yo me recibí, arrendé un campo en las sierras de Aceguá, a portera cerrada porque no tenía nada. Y ahí estoy hace 36 años. Pero yo me crié en Montevideo, en el barrio Sur, y siempre pensaba cómo podía consensuar el vivir en la capital y lo que a mí me gustaba, que era el campo. Desde chico lo sufrí siempre… hasta que lo solucioné por el estudio. No tenía chance, porque cuando venís de una familia de campo y sos el mayor, no tenés opción de no poder estudiar del campo. Hice agronomía y cuando fui a trabajar afuera, mis viejos me dijeron: «Mirá, la torta no da para todos, hay que hacerla más grande». Y ahí tuve la suerte de arrendar un campo a portera cerrada, con el ganado adentro, y yo pagaba la renta por todo, sino no tenía capital.

-Fue presidente de la Federación Rural y hasta hace poco vicepresidente de esta agremiación. Coinciden distintas voces en que usted es una voz con propiedad para trasladar al gobierno las inquietudes del campo. ¿Por dónde pasan los principales problemas del sector agropecuario?

-El principal es la falta de rentabilidad en muchos sectores. ¿Por qué se da la falta de rentabilidad? No pasa sólo por los precios, como se dice habitualmente, porque los precios que estamos teniendo por la mayoría de nuestros productos exportables son promedio, ni muy altos ni muy bajos (por ejemplo, la lechería a 3.000 dólares la tonelada). Pero los altos costos de producción que tiene Uruguay hace que los márgenes que le quedan a los productores sean mínimos. Y eso implica que los productores chicos y medianos sean los primeros que caen, porque la escala económica para poder subsistir cada día es mayor. Y dentro de esos costos, hay costos que no son inherentes a la competitividad de los productores, que van agregados. Los más claros son el de combustible y la energía eléctrica, pero hay otros también que pueden incidir y que van alternándose, que son otros insumos, desde fertilizantes, alimentación, maquinaria, cosas que a veces reducen los márgenes de ganancia.

Entonces, yo te diría que el principal problema es la falta de rentabilidad en sectores como el arroz, la agricultura de secano (la que no se riega, principalmente la soja) y la lechería. Pero no es menor mencionar a la granja, que tiene además un problema de desarrollo comercial. Hay muchísima gente involucrada, desorientada, desanimada, y está en un rubro en el cual la humanidad ha decidido alimentarse de frutas y verduras. Para nosotros en particular es un sector que tiene muchísimo futuro. Hay que sacar esas barreras que son nuestras, de falta de desarrollo comercial. Hoy los que prosperan son los que tienen esa parte solucionada, son los que están ligados al abastecimiento de los supermercados y las grandes plazas de venta.

-¿Hay problemas relacionados a la seguridad?

-Claro que sí, y en la ganadería son muy claros esos problemas, como el abigeato. O el daño de los perros a los ovinos. Eso también provoca grandes desmotivaciones que hacen que muchos productores dejen de producir. La falta de certezas también, porque muchas veces uno invierte en el campo en cuestiones que son de largo plazo, y en el correr del tiempo te cambian las reglas de juego y lo que tú pensabas, al final no termina siendo.

-A propósito de los perros, usted anunció que tomará una medida que fue aplaudida por algunos y rechazada por muchos colectivos animalistas: el regreso de las perreras. ¿O no serían perreras?

-Nosotros hicimos declaraciones en una nota (en Búsqueda) donde dijimos que íbamos a ser lo posible por instrumentar un sistema de captura de perros. Jamás hablamos de perreras. La perrera es un término muy sensible… No lo quisimos usar (el término) porque las personas que se refieren a la perrera son amantes de los animales que lo ven como una gran amenaza. Nosotros proponemos capturar los perros porque es deber del Estado proteger a los ciudadanos de algunos males. En el Pereira Rossell ingresa un niño por día mordido por un perro, generalmente suelto. En Salto hay cuatro casos de leishmaniasis y una muerte. Ese tipo de males. Eso en referencia a la salud pública. Además, los daños que provocan los perros a otros animales a la majada, que es una de las principales razones por las cuales los productores de ovinos están dejando de producir: los daños que provocan los perros.

-¿Y qué diferencia tiene su sistema de captura de perros sueltos con una perrera tradicional?

-Cuando hablás de perrera estás hiriendo sensibilidades.

-Es una cuestión semántica, entonces…

-Puede ser semántica, pero yo no mencioné a las perreras. Eso lo dijo un periodista… Si yo no hablé de perreras, no debería haberlo dicho así el periodista, porque eso hiere. Y lo que yo estoy haciendo cuando hablo de captura es repartir responsabilidades: lo que yo quiero es capturarlos y después compartir el desafío con todas estas ONGs de qué hacemos con los perros capturados. Vamos a poner a salvo a la población y la producción, pero después juntos vamos a ver qué hacemos con estos perros. Porque la perrera se asocia a la matanza de los perros. Y no es eso: puede haber asilos, u otras cosas. Nosotros pensamos en una captura y luego invitar a toda esta gente (los animalistas) a que nos ayuden.

-Este gobierno del Frente Amplio que termina, ¿subestimó los problemas del interior profundo y el agro?

-Absolutamente. Directamente, los ignoró, porque aplicando políticas como las que decíamos hoy… El petróleo valía 120 dólares el barril, bajó a 50 y nada de eso se transfirió al sector productivo, que es un sector muy importante. Lejos de eso, se subió el combustible, y eso es estar ajeno a lo que importa, a la competitividad. En la energía pasa lo mismo. Hoy tenemos una matriz absolutamente renovable y que podemos apostar a reducir los costos, se sigue subiendo… En el manejo del dólar también. El daño que provoca tener un dólar retrasado y que Uruguay debe salir a competir porque no tiene mercado interno como para poder absorber todo lo que produce -y la virtud de él es producir más para venderlo afuera-, tiene que ir con la carga de un dólar caro, un dólar abaratado internamente. Así es más difícil competir afuera. Te hablo de los costos de producción.

-¿Hay preocupación por la exportación de carne? Se cayó el mercado turco, y si bien el mercado chino está pagando precios récords por la carne uruguaya, eso no va a durar por siempre, sino que es coyuntural por la fiebre porcina.

-El mercado turco es un mercado de carne de exportación de ganado en pie. Hoy está cerrado, pero los turcos tienen que sí o sí importar animales para darle comida a sus 70 millones de habitantes. Eso lo consideramos momentáneo. Pero hoy por hoy el mercado interno, los productores que engordan y crían ganado, compiten con el mercado turco. No creo que los turcos puedan comprar muchos animales, porque las relaciones de precios hoy les permiten a los productores uruguayos pagar más que los turcos. Esa es la explicación que se explica por la demanda de China, por la fiebre porcina africana. Entendemos que eso va a durar. Hay quienes dicen que va a durar tres años, quizás no tanto, pero estas cosas también se cortan por razones ajenas a las que la provocan. Puede durar un año o año y medio, pero no es algo estructural. Eso va a ceder, va a bajar el precio, pero no va a bajar a los niveles de antes que esto apareciera.

-¿Hay que apostar a abrir otros mercados?

-Tenemos que apostar a tener otros mercados, aparte del turco, para exportar ganado en pie. Y tenemos que desarrollar otros mercados aprovechando que el Uruguay ocupó espacios, nichos de alta calidad. Hoy no sólo se cosecha la coyuntura de lo que está pasando en China, sino también todo el trabajo realizado por Uruguay para valorizar sus carnes. Es un momento que tenemos que aprovechar. Solo a manera de ejemplo: Uruguay deja demasiado dinero en nuestras fronteras para vender sus productos, en aranceles, y ese es un changüí que se le ha dado a nuestros competidores, que tenemos que acotarlo a la brevedad. Y hay muchos países en los cuales todavía no hemos desarrollado protocolos que nos permitan acceder, que nos permitan a entrar a vender… a provincias de la propia China, por ejemplo.

-Usted ha dicho que Uruguay debería tener un modelo similar al de Estados Unidos, que exporta todo lo que produce e importa todo lo que consume. ¿No sería raro siendo un país ganadero consumir carne importada, y que nuestra mejor carne la coman extranjeros?

-Es un objetivo general, no quiere decir que todo se vaya y todo lo que se coma acá se importe. Lo que quiere decir eso es que deberíamos tratar de exportar más lo que tenemos, porque si lo pagan más eso significa mayores ingresos para los uruguayos y es más actividad y más trabajo para todos. Y a la vez comprar la misma calidad -no hablamos de comprar carne barata-, comprar la misma calidad de carne de países que no son capaces de colocar sus carnes como lo hacemos nosotros. Mirá que el Angus es casi lo mismo en Argentina que en Uruguay, o en parte de Brasil y a veces, hasta mejores, y sin embargo los argentinos no están pudiendo vender la carne como la vende Uruguay. Es posible salir ganando, porque si vendés más carne para el exterior te da más ingresos y más actividad para todos, y por otro lado podés comprar más barato de afuera y hasta mejor calidad de carne.

-¿Por dónde pasan otras urgencias del campo?

-Más allá de lo que ya hablamos de la competitividad, de la falta de rentabilidad de muchos sectores (hoy el único que se salva es la ganadería), hay que atender los problemas que sufren los otros sectores. Hay otros aspectos que son -insisto- sobre seguridad en el campo. El abigeato muchas veces determina seguir o no seguir siendo productor. Y hablamos de los perros: los perros son un factor que ha diezmado la majada y muchos han decidido dejar de producir.

-Me da la impresión que desde Montevideo no medimos la gravedad del abigeato como problema en la zona rural…

-Es así. Si hubieras estado el 23 de diciembre en mi casa, en las sierras de Aceguá, daba para filmar. Yo estoy a 16 kilómetros de un pueblo que se llama Villa Noblía, con una comisaría donde había dos policías en su turno y no podían salir de ahí porque tenían que atender las necesidades del propio pueblo. El 23 lo que era de adolescentes en motos recorriendo los campos en busca de ovejas era vergonzoso. Para robarlas, para llevárselas, o para comerlas o para venderlas. Eso habla de la impunidad que existe. Es tierra de nadie. No hay policías que salgan a recorrer los caminos. Y ojo que no es por supervivencia, no es por hambre. Entonces todos los productores rurales se estaban comunicando por Whatsapp a ver dónde estaba cada uno y protegiéndose entre ellos, con las ovejas al lado de la casa. Esa es la realidad que vivimos en el campo.

-¿Es clave el manejo de la política monetaria?

-Es vital. Y somos conscientes de que esto va a requerir su tiempo, porque el déficit fiscal y las necesidades que el próximo gobierno va a tener van a obligar a seguir haciendo cosas en la que no estamos de acuerdo, pero paulatina y responsablemente tendremos que irlas habilitando. Por ejemplo, la colocación de bonos en pesos. O sea, disminuir la demanda de pesos para que el dólar recupere un valor que refleje su valor con nuestros principales socios comerciales, a los que les compramos y a los que les vendemos. Eso es lo que precisamos. Algo que refleje nuestra competitividad innata.

Tenemos que tratar que los combustibles, que es un insumo importante para la producción, y la energía eléctrica, lleguen a valores que expresen el costo de producción, nada extra. Y ahí en el costo de los combustibles tenemos aspectos como el subsidio cruzado que hoy se va a las empresas de transporte urbano de Montevideo que no tiene sentido, no tiene justificación de mantenerse. Y otras tasas que se cobran para la Intendencia de Montevideo, pero lo pagan todos los que consuman gasoil… Eso también. Son aspectos que hay que corregir. Y la inserción internacional es un aspecto que no admite dilatorias.

-¿En cuánto incide la política macroeconómica en el agro: el precio del dólar, de las tarifas y del combustible, el déficit fiscal?

-En todo. El marco macroeconómico ha determinado la performance del sector en los últimos años. Las variables que vinieron de afuera fueron las que determinaron la diferencia. Sobre todo a comienzos del milenio, cuando los precios de los commodities explotaron. Ahí se dio la diferencia. No porque hubiéramos hecho algo sustancialmente distinto hasta entonces. Entonces, ahora con el precio de la carne, o de la madera, las circunstancias macroeconómicas determinan todo.

-Entonces deberá haber un diálogo fluido con el Ministerio de Economía…

-Absolutamente. Ya el hecho de tenerlo a Ernesto (Talvi) en Relaciones Exteriores y como sabemos que piensa el agro nos da mucha tranquilidad y optimismo. Pero también él como economista que es, sabemos que sabrá hablar mucho con Azucena (Arbeleche), que también viene de una familia de campo. Azucena viene de Cerro Largo. Y el equipo que Azucena ha tenido estos años es el mismo equipo que nos acompañará en el Ministerio: Ignacio Buffa, Fernanda Maldonado, entre otros, son del Partido Nacional y han trabajado con ella. Eso nos llena de optimismo de que vamos a tener un ámbito donde intercambiar ideas y escucharnos, que haya sinergia y si nos dicen que algo no se puede, escuchar las explicaciones.

Y también quiero agregar que los líderes del gobierno de la coalición también tienen una sensibilidad respecto al agro, tanto Luis Lacalle como Guido Manini Ríos, que es un productor rural. Eso nos hace ser optimistas de que habrá una caja de resonancia mejor de la que ha habido hasta ahora.

-Se paga muchísimo en aranceles para poder vender nuestros productos…

-Solo la carne implica 200 millones de dólares de aranceles. Conaprole, para poder vender sus productos en China, gasta 29 millones de dólares por año. Es demasiado para un país como el nuestro. Hay aspectos que no son solo económicos: estoy hablando de la motivación de las expectativas, del optimismo. Y más en un negocio que es más largoplacista, es fundamental darles todo eso. En la cría vacuna, que es nuestro principal rubro, tener un ternero te cuesta nueve meses en el vientre de la madre y después un año mínimo para poder destetarlo y venderlo como ternero. Y después de ese año tenés dos años más para venderlo como novillo. Sumá y tenés dos o tres años para que un productor recupere su trabajo. Y esas certezas hay que transmitirlas.

Y otra la cosa: la parte impositiva. Nosotros no objetamos lo que el sector paga, sino la forma de los impuestos que paga. Hoy el 60% de los impuestos que paga el sector son impuestos ciegos, a la tierra. Son impuestos insensibles a lo bien o mal que le vaya a lo que está arriba de la tierra, que está en contraposición a lo que el contador Danilo Astori intentó impulsar en 2007, que son los impuestos ligados a la renta. «Si ganamos, ganamos más, si perdemos, nos ajustamos el cinturón». En el devenir del tiempo lo que ocurrió fue lo contrario. Y hoy eso es una pesada carga para el sector.

-¿Cómo están los sectores arrocero, lechero y granjero?

-Están muy mal. Te diría que está peor el arrocero que el lechero. Y el granjero viene de un mal endémico. Pero el arrocero ya hace muchos años que viene dando números rojos, que se mantiene por la propia inercia y el crédito del cultivo. En esto quiero destacar la importancia que tiene ese rubro en la generación de actividad económica en el interior, de trabajo, y la sinergia que provoca con otra actividad como la ganadería. Todas las praderas que se instalan en los rastrojos de arroz son más baratas y permiten una ganadería más competitiva. Poca gente sabe eso. Pero hoy solo un 30% de los rastrojos de arroz se planta con pradera. Y ahora incluso la soja se está utilizando como cultivo alternativo, que se rota con el arroz. Y también hay sinergias que se van dando de un cultivo con el otro que hace que cada vez se produzca mejor, más fácil y en forma resiliente, porque uno se complementa con el otro. El arroz, a mi entender, es fundamental para la actividad en zonas como el norte y el noreste del país. Tiene problemas de costos, de accesos a mercados, de costos portuarios, que hay que atender, además de los costos de producción que mencionaba.

La lechería es otra realidad. En realidad, cuando se encaren las soluciones hay que buscarlas por sector, porque son todos distintos. Lo importante de la lechería es la posibilidad de afincar a la familia en el medio rural, porque hay que ordeñar a las vacas dos veces por día porque si no se mueren. Por eso el trabajador tiene que estar ahí. Nosotros entendemos, además de las cualidades naturales que el país tiene, que debemos apoyar a la lechería. Más teniendo a Conaprole, un orgullo nacional, una empresa cooperativa de más de 2.000 productores que son los dueños, la primera del país en exportar desde hace años, y que últimamente ha estado amenazada en su supervivencia. Los productores se han entregado, el año pasado perdimos 300 productores. Es un lujo que el país no se puede dar.

-Cuando el episodio del colono que se enfrentó a Tabaré Vázquez y la respuesta de éste de «nos vemos en las urnas», el gobierno implementó algunas medidas: rebajas del 15% en la tarifa de UTE o la devolución del IVA en el combustible. ¿Fueron insuficientes y llegaron tarde?

-Llegaron tarde y fueron insuficientes. Ya el daño estaba hecho. La rebaja de UTE fue buena y aún se mantiene para el sector lechero y el arrocero, pero no alcanzó a todos. Nos hubiera gustado alguna medida que hubiera alcanzado a todos. La rebaja en el IVA de descuento para los que liquidaban Imeba fue nada, realmente no tiene ningún peso. La otra medida que recuerdo fue el Fondo de Garantía para los lecheros. Ya estaba implementado eso, ya estaba aprobado. Entonces, la que digo que valió la pena fue la rebaja de UTE que hoy se mantiene, aunque no haya alcanzado a todos.

-Cuando las gremiales -usted entre ellas- le pidieron una entrevista a Vázquez, éste contestó que no tenía lugar en la agenda. ¿Cree que Lacalle Pou siempre tendrá lugar en la agenda para atender los problemas del campo?

-Cuando le pedimos esa entrevista a Vázquez estábamos en diciembre, nos dijo que no tenía lugar en la agenda y nos recibiría recién en febrero. Eso provocó un interés de gente que no estaba en las gremiales, los productores espontáneamente se fueron juntando y así se formó Un Solo Uruguay. Yo creo que el movimiento Un Solo Uruguay va a ser un juez de lo bien y de lo mal que haga las cosas el gobierno. Creo que va a acompañar, en la medida que se lo escuche. El error que tuvo el gobierno de Vázquez fue ignorarlo. Hay que escucharlos. Pero te doy firmado que no nos van a perdonar si no los escuchamos.

-Usted es dirigente del sector Ciudadanos del Partido Colorado, y fue asesor de Ernesto Talvi. Talvi ha dicho que el campo debería ser «el petróleo del Uruguay». Traducido, ¿qué sería esto?

-Yo te agregaría: como el petróleo, pero verde. En vez de largar carbono al aire, capturar carbono al aire. Eso te radica la diferencia entre una cosa y la otra. Sería algo así como que somos ricos en verde. Somos ricos en producir alimentos para el mundo, y no se puede soslayar. Es como si tú tuvieras el suelo lleno de petróleo y no lo explotaras.

-¿Se puede prescindir de agrotóxicos, glifosato, herbicidas, para que haya una comunión con el medio ambiente?

-No debemos generalizar. Hay agroquímicos -especialmente, agrotóxicos- que se debe prescindir: debemos ser rigurosos en no permitir determinados productos que están prohibidos en el mundo, y vamos a ser muy duros en ese aspecto. Y para eso deberá haber fiscalización; de hecho, la ha habido, hay que reconocerlo. Pero prescindir de (todos) los agroquímicos en la actual estructura de producción es un sueño, al cual comparto aspirar. Pero hoy es una utopía. Hay que trabajar para lograrlo algún día. Hoy hay indicios en el desarrollo tecnológico que alienta la esperanza de producir en forma orgánica.

-¿Cómo se combate a las cianobacterias, que nos arruinaron el verano pasado y pueden amenazar esta temporada?

-¡Si lo supiera! Las cianobacterias son una consecuencia de una historia de muchísimos años, no se generó ahora. Ahora es la eclosión. Y básicamente se debe a dos grandes variables: el nivel de fósforo de nuestras aguas y las temperaturas y falta de movimiento de nuestras aguas; por eso se da en el verano y en los estanques, fundamentalmente (embalses, lagos, lugares donde se retiene el agua, se calienta y sucede eso). Y las fuentes de fósforo son diversas.

Si bien hay fuentes que vienen de la agropecuaria, como puede ser la erosión laminar que se lleve algún fertilizante, o los animales cuando hacen sus necesidades adentro de agua, y se concentra más materia orgánica. Pero en realidad tenemos otras fuentes que son más controlables por nosotros. Lo podemos controlar, pero tendríamos que aislar el acceso de los animales al agua, controlar que los animales no entren a las aguas, pero el volcar las aguas servidas de nuestros pueblos a las aguas es una fuente muy importante de fósforo que a mi entender debería tener urgente tratamiento.

-¿Qué cambios realizaría en el Instituto Nacional de Colonización?

-Deberíamos hacer una auditoría para saber cómo se ha usado el dinero de todos los uruguayos. Son 600.000 hectáreas, a 3.000 dólares la hectárea. Saque la cuenta. Entonces, ¿cómo están los 3.000 o 4.000 colonos? ¿están mejor o están peor? Hay que saber si está bien usado ese beneficio: ¿cómo está el suelo, cómo está la tierra, que es un bien finito? ¿Lo estamos cuidando o no lo estamos cuidando?

Y después, repensar la Ley de Colonización, que tiene 70 años, que necesita una actualización, para protegerla frente al mal uso respecto al espíritu que le dio origen. No es el de los últimos años, se ha usado con fines clientelísticos, políticos, y el fin tiene que ser permitir el acceso a la tierra a aquellos que no tienen la gracia de haber nacido en un ambiente de capital. Ese es el fin que debemos cumplir. Pero aparte, garantizárselo, no que hoy o mañana se lo damos, y después, cuando estás viejo, te lo reclamo.

-¿El campo uruguayo es feliz?

-Creo que sí, ¿sabés? Todas estas preocupaciones de la que uno habla son injustas, pero tenemos que reconocer que es una actividad que nos llena de felicidad. Y los que vivimos en el campo somos afortunados. Más allá de todas las complicaciones, los que vivimos en el campo tenemos que ser conscientes lo ricos que somos. Uruguay debería hacer extremos esfuerzos para que la gente se vaya a vivir al campo, y revertir la despoblación de la campaña. /Fuente: Montevideo Portal/Texto: César Bianchi/Foto: Juan Manuel López

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